Ep16. Un futuro de cíborgs

Un implante para sustituir varias piezas dentales, la placa de titanio en la clavícula o un sensor bajo la piel para medir la glucosa en sangre. Casi sin darnos cuenta, ya llevamos en nuestros cuerpos piezas más propias de robots que de humanos. ¿Seguirá esta tendencia al alza? ¿Nos convertiremos, en un futuro no tan lejano, en mitad humanos, mitad robots? En Bola de Cristal analizamos cómo será un futuro en el que la palabra ciborg ya no nos va a sonar a ciencia ficción. Hablamos de todo ello con Sergio López-Fombona.

El tema que traemos hoy, y al que llevamos ya unas semanas dándole vueltas.

Desde luego que suena futurista, pero con todos los dispositivos que ya llevamos encima hoy en día, quizás no sea tanto el futuro, sino el presente, porque está claro que el tema ya es muy popular y todos somos ya parte de esa cultura ciborg.

Y pensamos que nada mejor que empezar describiendo qué es un ciborg, una palabra que, según la RAE, significa: Ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos. Quizás lo que llevemos encima todavía no sean dispositivos electrónicos, pero en cuanto le pongamos una pila y lo conectemos a internet… voilá! Y buen ejemplo de ello son los medidores de que llevan muchísimos diabéticos y que ven, en tiempo real, a través de una app, cómo están de glucosa… Parece increíble, pero lo del pinchazo en el dedo ya es historia para ellos.

Las posibilidades que se abren son inmensas. Porque aunque tradicionalmente siempre pensamos que las piezas de los ciborg son para sustituir a las que hemos perdido (en un accidente o por una malformación), lo cierto es que el verdadero ciborg es el que añade piezas para hacer su cuerpo aún mejor. Es, por decirlo de alguna manera, la diferencia entre Terminator y el Inspector Gadget.. ¡Y perdón por la comparación!

Si nos fijamos bien, hay millones de personas en el mundo que ya son, en cierta medida, cyborgs. Los individuos con páncreas artificial por problemas de insulina, algunas personas con miembros ortopédicos avanzados y conectividad a su sistema nervioso. Algunos enfermos con visión artificial limitada… o las personas con implantes cocleares; todas ellas ya son cyborgs en cierto grado.

Lo cierto es que la tecnología nos permite incorporar nuevas funciones a nuestros cuerpo y, de esta manera, incrementar lo que queramos: productividad, salud, rendimiento, etc. Pensemos en los dispositivos que llevamos en la muñeca que nos miden frecuencia cardíaca, oxigenación, pasos, etc. La diferencia es que Apple todavía no se ha atrevido a fabricar un dispositivo que incorporemos no “sobre” la muñeca, sino “dentro” de ella. Ese día sí que seremos verdaderos ciborg y no solo Applemaníacos con carcasas de Rolex en la pantalla.

De hecho, ya una fundación que se llama la “Cyborg Foundation” que se centra en los sentidos artificiales (AS). Por lo que abogan es que los estímulos son recopilados por la tecnología, pero la inteligencia es creada por el ser humano, a diferencia de la inteligencia artificial (IA), donde la inteligencia es creada por la propia máquina. Es decir, que estamos hablando de un ser vivo que ha visto incrementada su capacidad de reaccionar frente a lo que ocurre en su entorno, bien sea porque tiene más capacidad sensorial (pensemos en visión infrarrojos o un oído mejorado) o bien porque tiene más habilidad para llevar a cabo tareas, gracias a implantes que le permiten aumentar la capacidad que todos tenemos de manera natural.