Ep3. El futuro de los mapas

Los sistemas de información geográfica, o más coloquialmente llamados mapas, forman parte de nuestro día a día. Desde el popular Google Maps de nuestros teléfonos a los mapas del tiempo o los que hacen el seguimiento de la pandemia, son una herramienta imprescindible para comprender nuestra realidad.

En este capítulo de Bola de Cristal nos adentramos en el apasionante mundo de los sistemas de información geográfica, una industria que lleva 50 años creciendo a doble dígito, de la mano de Joan Pere Avariento. Y, como siempre, nuestras secciones fijas: predicciones y recomendaciones.

Es complicado comprender nuestro mundo sin mapas. Y es que la creación de estas herramientas se remonta a aproximadamente a hace más de 4.000 años. Fueron entonces los babilonios los primeros en empezar a representar la Tierra sobre unas tablas de arcilla. Desde entonces, su evolución ha sido magnífica y todas las civilizaciones, en uno u otro momento, han confeccionado mapas. Lo cierto es que, ya volviendo a nuestros días, hasta hace dos o tres décadas era algo que simplemente usábamos cuando íbamos de viaje, o quizás a la montaña, al menos en el ámbito, digamos, doméstico. Sin embargo, ahora, los usamos cada día casi sin darnos cuenta a través de nuestros teléfonos y aplicaciones.

Si nos ponemos formales, los llamados mapas reciben un nombre técnico más sofisticado, el de sistemas de información geográfica, y representan una industria que lleva creciendo año a año desde hace más de 50 años a tasas interanuales superiores al 10%. Para que nos hagamos una idea, supone unos 14.000 millones de euros, y se espera que se duplique o triplique en los próximos 10 años.

A nivel de aplicaciones, lo cierto es que casi todas las industrias que nos podamos imaginar están usando analítica sobre sistemas de información geográfica para tomar decisiones de negocio. Digamos, que los mapas, enriquecidos con analítica, son la herramienta para entender qué está sucediendo en algún lugar en concreto de una manera más amigable, comprensible y que nos es familiar con la realidad. No es lo mismo disponer de una serie de datos y obtener resultados, que contextualizarlos a través de su visualización sobre un mapa. Por ejemplo, se utilizan en todo lo que sean servicios de movilidad bajo formas de pago por uso, como las redes de car sharing en ciudades para la movilidad de usuarios pero también para la gestión de las flotas de coches. Y no podemos olvidar aquellas aplicaciones que parecen menos evidentes, pero que nos dan mucha información sobre movimientos concretos como la visualización de flujos tanto reales como de mercancías, transportes o personas, como de información o monetarios, o de situaciones más o menos estáticas como la localización de recursos naturales o de especies de animales y vegetales. Existen aplicaciones outdoor como las anteriores, pero también indoor, usadas por retailers para optimizar los espacios de venta. Sea como fuere, está claro que los mapas son parte de nuestra vida diaria.

En síntesis, el boom de los sistemas de información geográfica es debido a la combinación de tecnologías maduras en la agregación y tratamiento de datos y en el diseño, accesibilidad y usabilidad de la información que los hace posible. Todo ello ha propiciado que la tecnología aeroespacial ligada a la industria, haya dejado de ser monopolio de los servicios de información de cada país para ser una industria en sí misma.

Toda esta industria de los mapas está cambiando, pero, ¿hacia dónde va?

La primera tendencia es que las empresas de gran tamaño dentro de cada industria están construyendo sus propias cadenas de valor de datos para uso en sus decisiones de negocio. Esto viene justificado por cómo de roto está actualmente el universo de los datos: tenemos las imágenes en empresas dedicadas a ello, tenemos los mapas, tenemos los datos de usuarios, medios de pago: todo fragmentado y perteneciente a diferentes actores de la cadena de valor. El juntar y dar sentido a todo esto es extremadamente complejo, y puede ser más sencillo y diferencial, intentar construir tu propia posición a lo largo de la cadena de valor, ya sea mediante inversiones en empresas, como varias marcas de auto en HERE o, al menos, desarrollar las APIs para de información de un ecosistema extendido conectado a tus sistemas y así, algunas compañías se conviertan en agregadores o plataformas dentro del ecosistema. De hecho, son estas empresas las que realmente solucionan problemas a los clientes, la información per sé, no vale nada, sino el uso que se le da, y que normalmente demanda la combinación de diferentes fuentes de datos. Además, la existencia de mayores volúmenes de datos de código abierto que pueden ser utilizados para enriquecer los modelos, tanto de estas grandes empresas, como de pequeñas compañías, hace aún más importante diferenciarse a través de una cadena de valor propia.

La segunda tendencia reseñable es el de la protección de datos y la privacidad. Según Forrester, solo entre el 20 y 30% de los consumidores occidentales opinan favorablemente hacia que las compañías utilicen sus movimientos y localizaciones como parte de los set de datos de explotación. Algo que puede restringir, no mucho en realidad, la información de la que dispondremos en las aplicaciones basadas en los sistemas de información geográfica. Esto se ve acentuado por normas tipo GDPR y la tendencia que Apple pone en el mercado desde hace años en torno a la privacidad.

Adicionalmente, el posicionamiento y mapeado indoor cobra cada vez más fuerza para vender más o ser más productivos. Aquí se combinan mapas de espacios interiores con sensorización para seguir máquinas y bienes, en fábricas, muelles de carga o personas, dentro de hospitales o mercados por ejemplo.

Por último, ahora mismo, cada proveedor de mapas tiene, de algún modo, su forma de hacerlo. La tendencia es la de trabajar en encontrar las piezas que hagan compatibles para las máquinas el pasar de uno a otro formato, digamos que, una capa de compatibilidad entre sistemas de información, que se tendrá que trabajar para garantizar, por ejemplo, la operativa de los coches autónomos.