Ep7.Mujer y tecnología, camino al futuro

En Bola de Cristal analizamos cuál es la perspectiva de futuro para la mujer en todo lo que tiene que ver con ciencia y tecnología. La falta de vocaciones STEM entre las jóvenes es un enorme problema que nos priva del 50% del talento de nuestra sociedad en un momento en el que, más que nunca, nuestra economía depende de la tecnología. Hablamos en este episodio con Alexia Rodríguez, responsable del Grupo de Mujer IT del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación.

Llevamos ya varios años hablando del papel de la mujer en nuestra sociedad y, como no podía ser de otro modo, en Bola de Cristal queremos analizar también cuál es la perspectiva de futuro para la mujer en todo lo que tiene que ver con ciencia y tecnología. Sabemos que es un tema que despierta pasiones, pero como siempre tenemos que empezar analizando los datos para saber cuál es el punto de partida.

Y el primer punto de partida para hablar de estas profesiones STEM (que hace alusión al inglés Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) es tomar como referencia al conjunto de la población, es decir, hombres y mujeres. En este sentido, las vocaciones STEM, que dicho de otro modo no es más que el número de jóvenes que quieren estudiar una de estas carreras, no deja de bajar. Pero no solo en España, esto es un fenómeno también en toda Europa. Cada vez cuesta más encontrar profesionales, en un momento en el que, además, su aportación es clave para la tan manida “digitalización” que afecta a prácticamente a todas la industrias y ámbitos de nuestro día a día.

¿Y dónde está la mujer en ese paradigma?

En un contexto en el que cada vez menos jóvenes estudian estas carreras STEM, las mujeres no son ajenas a ello. En 2017, por ejemplo, el 2,7% de las mujeres tenían estudios tecnológicos superiores, frente a un 15,2% de hombres. Es decir, asumiendo que cada sexo representa aproximadamente lo mismo en la población, el ratio es de más de 5 veces en favor de los hombres. O, presentado de otra manera, de cada 100 individuos con estudios tecnológicos superiores, datos de 2017, 85,4 son hombres y 14,6, mujeres. En 2015, esa proporción era de 83,9 frente a 16,1, es decir, casi 2 puntos “peor” para las mujeres.

Si hablamos de empleos relacionados con la tecnología, no solo los estudios, el ratio hombre-mujer es similar. El 5,2% de las personas ocupadas en España trabaja en empleos digitales, mientras que eso supone solo el 2,0% en el caso de las mujeres (datos de 2017). Esta situación se agrava aún más si nos vamos a las grandes empresas. En 2017, por ejemplo, había 453 miembros de Consejo de Administración en las empresas que formaban parte del IBEX 35, de las cuales 361 eran hombres y 92 mujeres (esto es un 20%).

De nuevo, si introducimos la dimensión de análisis de los salarios, la situación es mejor que en otros sectores, pero igualmente mejorable. Varios estudios sitúan esta brecha en el 8,9% en el caso de los empleos tecnológicos, yéndose hasta el 14,2% en el resto. Esto es especialmente relevante, porque además en los sectores tecnológicos los salarios son aproximadamente un 20% superiores al resto. Todo ello, obviamente, son datos fríos, pero nos indican una tendencia.

Analizando el contexto europeo, los datos son similares. Por ejemplo, el “Libro Blanco de las mujeres en el ámbito tecnológico”, una lectura obligada para entender el papel de la mujer en la economía digital en nuestro país, señala que en la Unión Europea dentro de tan solo dos años el 45% de los empleos estarán relacionados con el entorno digital y también añade que “solo el 30% de los aproximadamente 7 millones de personas que trabajan en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación, en Europa, son mujeres”. El asunto, como vemos, no se limita únicamente a nuestro país, sino que tiene un alcance global.

Ahí tenemos muchas regulaciones diferentes, contextos culturales y sociales dispares, sin embargo, parece que existen dos variables que se repiten.

Una es el retraso de las mujeres en la incorporación a estas materias solo desde hace unas décadas frente a los hombres que llevan desde los comienzos, por razones de discriminación laboral en nuestras sociedades hasta hace unas décadas. Esto, además de hacer que los porcentajes totales sean más bajos, golpean las preferencias actuales debido a que existen menos role models donde fijarse.

El otro factor común, es el sexo, que se me antoja que no es baladí, es que simplemente las mujeres se sientes menos receptivas a estos estudios, porque no les gusten, porque les intimida la temática, el ambiente o la dificultad teórica… aunque luego vemos en los datos que sacan mejores notas.

Mucho dato frío, pero detrás de todo ello al final trasciende una realidad. O, mejor dicho, dos. La primera es que cada vez menos mujeres se decantan por vocaciones STEM, después de haber vivido un boom hace unas dos décadas. Pero es que el problema, y esta es la segunda realidad, además, es que no solo son las mujeres quienes cada vez estudian menos carreras tecnológicas, sino que todos los jóvenes, sin distinción de sexo, están perdiendo interés por la tecnología precisamente en un momento en el que la lógica nos dice que es algo vital para la competitividad del país y, en general, de la Unión Europea en su conjunto. ¿Cómo lo ves?

Aquí pensamos, y así lo avalan los estudios, que hay mucho de creencias, de prejuicios, de expectativas. Hay por ejemplo un estudio de una universidad sueca, la de Karlstad, que dice que las mujeres que cursan una ingeniería lo hacen porque uno de sus padres es ingeniero o tiene un trabajo que requiere alta cualificación tecnológica. Esto es como lo que hablábamos de Marie Curie o las hermanas Polgar. Y aquí los estudios parece que siguen poniendo de manifiesto que todavía en muchas familias se considera que las niñas tienen menos aptitudes para la tecnología y que son ámbitos poco femeninos.

Otro estudio es el publicado en 2017 en el Journal de Psicological Science, traducido sería algo así como la “Paradoja de la equidad de géneros en materias STEM” (Gisbej Stoet y David C Geary, universidades de Essex y Misouri respectivamente). Pues bien, tras analizar una base de datos de más de 400 mil personas en numerosos países del mundo, donde median tanto desempeño por sexo en materias de lenguaje y ciencias como en opciones de estudio, los datos muestran como en los países con mayor igualdad en la libertad personal de hombres y mujeres, estas segundas, se interesan menos por las materias STEM, en términos de enrolarse en su estudio.

Estamos hablando de países nórdicos, y europeos, no de sitios donde se discrimine activamente. Hay posibles múltiples causas, como siempre, pero, una posible interpretación podría ser que:

  1. En países más pobres y más discriminados, las mujeres ven estas carreras como un salvavidas

  2. En países donde hay mayor igualdad y oportunidades, las mujeres eligen lo que realmente les pide el cuerpo

Entonces… ¿es porque somos diferentes y les atrae menos? Puede ser que sí, que funcionamos de diferente manera y eso se refleja en las elecciones. Ahí tenemos las carreras de ciencias de la salud y todo lo que tenga que ver con cuidar a otros. ¿No hablamos de que nos faltan enfermeros?

Sin embargo, es relevante que sigamos, publicitando y enfatizando la importancia de las mujeres en la ciencia, pero no porque seamos iguales y haya discriminación. Sino precisamente porque somos diferentes, y puntos de vista distintos y formas de pensar en problemas a solucionar con un punto de vista femenino harán que la ciencia avance más rápido. Somos iguales pero diferentes, miles de años de selección natural y autoselección en busca del compañero ideal no han moldeado y la realidad la hemos creado nosotros mismos.